Esta es la historia de Leire, una joven profesora de la universidad de Navarra instruida en los Moais. Unas gigantescas estatuas de la isla de Pascua situada en Chile y construidas por la cultura Rapa Nui.
Era un día cualquiera en su vida, se levanto, se vistió y acudió a su trabajo. Tenia clase a primera hora de la mañana, el tema de su clase era el Machu Picchu, estaba en mitad de la clase cuando recibió una llamada del director. Este le decía que tenía una llamada desde Londres del Museo Británico y que tenían que enviarla urgentemente allí, porque necesitaban era la única persona que podía ayudarles
Ella acudió apresuradamente a su despacho para saber qué era eso tan urgente que necesitaba su jefe.
Al entrar le pillo picoteando un paquete de anacardos mientras la esperaba, cuando Leire entro los dejó en la mesa. Te he llamado a ti porque ha sucedido una cosa terriblemente grave en Londres y nos han llamado pensando que tú puedes ser de mucha ayuda. La condujo a su mesa donde tenía su ordenador, él le mostro una noticia y al instante supo por qué le habían llamado a ella. En la noticia ponía que en Londres esta mañana en el museo Británico había desapareció un Moai gigante de la Isla de Pascua.
Cuando llego a Londres le llevaron directamente al museo, y allí estaban los dirigentes del museo, policía y guardias.
Le contaron lo sucedido con todo detalle: habían tenido un aviso de que iban a robar un objeto importante en el museo, pero no hicieron caso hasta hoy que se habían dado cuenta de que faltaba una pieza, un Moai, y que necesitaban su ayuda, porque era una experta.
Después de analizar todas las posibilidades, Leire les dijo que el ladrón no podría haber sacado la figura en tan poco tiempo como una escurridiza zarigüeya, y además solo.
Preguntó al guardia si tenían algún otro sistema de vigilancia o cámaras para detectar objetos perdidos. Al pronunciar estas palabras, el hombre recordó que uno de los jefes de seguridad mandó fabricar una máquina para detectar objetos robados y que en esta ocasión sería muy útil.
El hombre buscó el aparato y lo puso en funcionamiento, después de programar el artilugio mostro unas imágenes en un sótano del museo donde estaba el Moai junto a un hombre. Al momento llamaron a la policía y detuvieron al hombre. Le preguntaron porque estaba allí con un objeto tan valioso. Como no tenia ninguna opción de salir airoso de esta situación confeso todo, reconoció que había sido él, y que lo había hecho porque una banda de ladrones de artículos antiguos le había contratado a cambio de una suculenta cifra de dinero.
Cuando acabo sus declaración a la policía se lo llevaron detenido.
Los guardas y la policía le dieron la enhorabuena por el buen trabajo que había hecho y que de no ser por ella nunca podrán haber encontrado al ladrón. Le compraron un billete de vuelta a Pamplona, cuando llego a casa estaba hambrienta, miro en su nevera y solo tenía un aguacate en mal estado, y como tenía mucho apetito tuvo que encargar una pizza y saciar su hambre.
AUTOR:Fernando Tolivar
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